Titanio en lugar de plástico: cómo Samsung está reinventando su teléfono plegable

Cualquiera que adquiera un dispositivo plegable busca, en esencia, dos cosas a la vez: un dispositivo que se perciba como una tableta en toda regla y que, al mismo tiempo, quepa en el bolsillo de una chaqueta. Rara vez se consigue esta combinación sin tener que hacer concesiones. Samsung considera que ha dado un paso decisivo hacia una solución con la nueva serie Galaxy Z. ¿La clave? Un metal que suele asociarse con la fabricación de aviones, aunque también se ha utilizado como carcasa para determinados smartphones de gama alta. Durante la presentación de la serie Samsung Galaxy Z en Londres, tuvimos la oportunidad de hablar con BD Yang, vicepresidente ejecutivo y subdirector del equipo de tecnología de componentes básicos de Samsung.
Siete generaciones, una lección

Desde el primer movimiento de plegado, Samsung afirma que ha probado innumerables materiales, analizado datos de uso y aprendido de los casos de reparación. BD Yang lo resume de la siguiente manera:
«A lo largo de siete generaciones de desarrollo de dispositivos plegables, hemos trabajado con innumerables materiales. Con esta generación, creíamos que el titanio tenía las cualidades necesarias para llevar la tecnología plegable al siguiente nivel». - BD Yang
El problema: el titanio es resistente y dimensionalmente estable, pero intrínsecamente rígido. Esta misma característica, que lo hace tan atractivo en los viajes espaciales, por ejemplo, supuso inicialmente un obstáculo para su uso en pantallas plegables. Crear un componente capaz de doblarse cientos de miles de veces sin romperse ni sufrir una deformación permanente simplemente no era factible con el titanio convencional.
La solución de Samsung se denomina «Flex Titanium» y consta de dos elementos coordinados: la capa inferior de la pantalla es una placa de titanio de grado 4 que presenta una fina estructura de rejilla creada mediante grabado húmedo y procesamiento con láser. Las aberturas grabadas de mayor tamaño permiten que la zona de plegado se mueva con suavidad, mientras que las perforaciones microscópicas realizadas con láser proporcionan un soporte preciso para la pantalla. Sobre esta se encuentra una lámina de aleación de titanio finísima, de apenas unas pocas docenas de micrómetros de grosor, aproximadamente un tercio del grosor de un cabello humano. Esta lámina, que contiene elementos como vanadio, aluminio y cromo, ha sido sometida a un tratamiento especial para mantener su flexibilidad a pesar de su base de titanio.
El resultado de esta estrategia de doble material es que el módulo de pantalla es un 10 % más delgado, se reduce el pliegue visible en el centro de la pantalla y el dispositivo resulta más plano y ofrece una experiencia más envolvente cuando está desplegado. Un nuevo recubrimiento antirreflectante potencia aún más este efecto.
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La ganancia de espacio se traduce en libertad de diseño
Sin embargo, la verdadera ventaja no reside únicamente en la propia pantalla más delgada, sino en el espacio de instalación que se libera como resultado. Este espacio interior adicional brindó a los ingenieros de Samsung la oportunidad de replantearse todo el sistema de la batería.
En el caso del Galaxy Z Fold8 Ultra, esto se traduce en una batería de 5.000 mAh alojada en un cuerpo de tan solo 4,1 milímetros de grosor. Esto es posible, en parte, gracias a un nuevo material de ánodo de silicio-carbono que permite una mayor densidad energética. Para garantizar que este material se mantenga estable en el uso diario, Samsung ha rediseñado prácticamente toda la composición química de la célula: desde un recubrimiento protector de carbono en el ánodo, pasando por un recubrimiento estabilizador en el cátodo, hasta un nuevo separador altamente poroso. «Esta innovación no consiste únicamente en cambiar el material del ánodo», explica Yang. «Se trata de una mejora integral de todo el sistema de la célula y su arquitectura».
Samsung también está adoptando un nuevo enfoque en materia de carga: en lugar de aplicar una solución de carga única para toda la gama de productos, cada modelo cuenta con una arquitectura diseñada a medida. En el Fold8 Ultra y el Fold8, un sistema de doble célula distribuye la potencia de carga de 45 vatios a través de dos vías independientes; esto reduce la carga eléctrica en cada célula y permite alcanzar un 67 % de carga en tan solo 30 minutos, al tiempo que genera menos calor dentro del delgado chasis.


Más de un centenar de pruebas de fiabilidad
No todas las mejoras de la nueva serie implican una investigación compleja de materiales; algunas se derivan simplemente de los comentarios de los usuarios. A medida que los dispositivos plegables se han ido haciendo más finos, se ha vuelto más difícil sujetarlos y abrirlos con una sola mano. La solución de Samsung: una combinación perfectamente ajustada de la mecánica de la bisagra, la fuerza magnética y la tensión de la pantalla, junto con un pequeño recorte en el pliegue que proporciona un punto de apoyo natural para el dedo.
Los nuevos materiales y las carcasas más finas plantean inevitablemente dudas sobre la durabilidad a largo plazo. Samsung aborda esta cuestión con un programa de pruebas que comprende más de un centenar de controles de fiabilidad diseñados para simular situaciones de uso reales, entre las que se incluyen caídas, plegados repetidos, presión, humedad y polvo. Según Samsung, lo fundamental no es probar los componentes individuales de forma aislada, sino considerar el dispositivo en su conjunto como un sistema, tal y como se utilizará en la vida cotidiana. Cabe destacar que las pruebas no cesan cuando el producto está listo para salir al mercado, sino que continúan más allá de ese momento para recabar más información.
«Tomamos nuestra decisión tras observar de cerca a nuestros consumidores y los patrones de uso cambiantes a lo largo de las últimas siete generaciones.» – BD Yang
Lo que distingue a la nueva serie Galaxy Z de las generaciones anteriores no es tanto una única innovación espectacular como la interacción de muchas pequeñas decisiones. El titanio crea espacio; ese espacio permite incorporar una batería más grande; la batería requiere una nueva arquitectura de carga; y, en última instancia, todo el sistema debe ser lo suficientemente fiable como para soportar años de uso diario.
Ya se trate del Galaxy Z Fold8 Ultra, pensado para una productividad máxima; del Galaxy Z Fold8, con una pantalla grande e inmersiva; o del Galaxy Z Flip8, más compacto, Samsung aplica la misma filosofía a los tres modelos: la experiencia del cliente impulsa la investigación de materiales; la investigación de materiales conduce a soluciones técnicas; y las soluciones técnicas dan lugar, en última instancia, a un dispositivo en el que el usuario puede confiar en su vida cotidiana.
Solo los próximos meses de uso en el mundo real y nuestras propias pruebas revelarán si esta promesa se cumple. Sin embargo, la combinación de una estructura de pantalla de titanio, un sistema de batería rediseñado y rigurosas pruebas de resistencia ya deja una cosa clara: con sus dispositivos plegables, Samsung ya no se centra en características destacadas aisladas, sino en un sistema integrado y bien concebido.

















